La vida amarilla
Como nunca en mi puta, maquiné cómo dejar atrás un año que he considerado devastador. Por eso, hice todo lo que una limeña tiene que hacer en año nuevo.
Como me parecía de mal gusto comprarme un calzón amarillo, tuve mi primer amor material del año (pasado) al ver unos zapatos amarillos preciosos que me hicieron desembolsar nada menos que 400 soles.
Unos zapatos amarillos, en punta, con correa atrás, lacito, con estilo de carrie bradshaw, salvando las distancias geográficas y físicas, claro.
Y me dije, por qué no, cómpratelos cojuda. Me los probé, y bingo, a mis dedos largos, deformados y castigados por el trabajo diario, estos zapatos amarillos encajaban perfectamente. Trato hecho. Lo que vino fue la ropa, qué podia hacerle a esos zapatos tan lindos, los únicos que en mi vida, y esto lo juro, me han emocionado. Pues bien, encontré en el ropero un vestido glamoroso.
Mi novio no me prometía nada glamoroso, pero yo tenía que cerrar el año sintiéndome distinta y en esos momentos, pues sí, un par de zapatos hacían la diferencia.
Miraba para abajo y el contrapicado era perfecto: que bien lucían mis pezuñitas.
Lo que siguió fue la llegada a un huarique y las burlas sobre mi look. Burlas muy limeñas, por supuesto. Muy solapas. Lo sorprendente, que todos esos comentarios venían de un grupo de gente que dice llamarse progre….. Pero yo era solo un look, porque soy más borracha que todos los presentes ahí juntos y porque mi corazón siempre latirá a la izquierda. Todo muy limeño. Nada que joda de verdad. Yo, caminaba con perfecto equilibrió y ritmo, hasta que llegó el charco que manchó el vestido. Charco que me hizo pensar en lo difícil que es encontrar tu lugar en el mundo.
Pero el charco manchó no solo mi vestido, también mi voluntad para reventar cohetecillos, ratablancas, para gritar que quiero felicidad, equilibrio, dinero, amor.
Y todo quedó en silencio. Cenicienta herida. Cenicienta triste.
Una persona, muy cobarde por cierto, se encargó de difamarme. Se encargó de afirmar lo más asqueroso que a mi juicio puede un ser humano decir del otro. Puso en juego mi honestidad.
Ya me defendí con todas las armas que tengo, pero estoy débil. Como quien llega de la guerra y ha conocido sus horrores.
Ahora estoy acurrucada en mi cama, enfrentándome a mí, y a esa suerte, mi suerte, de ir por la vida siempre apagando incendios, siempre saltando vallas, siempre luchando. Alguien conoce un lugar distinto????? No quiero un remanso, me moriría del aburrimiento, pero quiero un lugar donde no te apedreen por la espalda. Donde el sufrimiento y la felicidad se equilibren. Donde exista un Dios o por lo menos un juez que reparta en partes iguales los males y dichas de este mundo.
No concibo un mundo como este. En donde la vida justifica la muerte. En donde el más fuerte se come al más débil.
Pero regresando a cenicienta herida, como soy terca, esos zapatos amarillos están ahí esperando.
Los volveré a lucir, lo juro. Tal vez el viernes o el sábado por la noche.

3 Comments:
cenicienta buena.
Monc, claro px si intentas encajar en una sociedad de huarique q no te van a vapulear de lo lindo, debes conseguir nuevos amigos no gente hasta el culo.
los limeños, nadie nos gana en el raje y en la difamación. Me ha pasado eso y se siente fatal.
Post a Comment
<< Home