carta a mi papá
siempre he querido decirle te quiero. no puedo y no podré. él es especial. me enseñó a ser honesta, pero fría como un iceberg. a tener las cosas claras en la vida y a ser combativa. en realidad, nunca se lo propuso, pero verlo día a día fue suficiente.
desde pequeña me decía que todos nos íbamos a morir y que era importante dejar algún proyecto en camino. (duro decirle a tu menor hija que te vas a morir). yo lo observaba con fascinación en mi solitario mundo. su palabra era ley. hablaba muy poco, pero repetía las mismas cosas siempre. que si moría yo tenía que seguir estudiando y no parar un solo día. que había que ser el mejor carpintero, chofer o ingeniero. que había que trabajar, trabajar y trabajar.
ese hombre, mi padre, nunca me dijo te quiero. nunca me abrazó y nunca dejó de trabajar.
el día que dejó la administración pública tras años de brillante carrera a la que renunció por dignidad, no se llevo ni un lapicero de su oficina. no habló mucho. no dio explicaciones. simplemente hizo lo que tenía que hacer y nuestra vida cambió. del queso a la margarina, del jugo a la leche en polvo y la vida de gitanos comenzó.
silencioso. adusto. recto. difícil arrancarle una sonrisa. nunca me dio propina. nunca me llevó al cine. nunca me compró ropa. aunque sé que ir a recoger el 08 en conducta de tu hija no era muy halagador. algo andaba mal. mucho silencio en casa y la niña se desbordaba. lo recuerdo nítidamente llegar al colegio. enternado. serio. con verguenza, imagino. yo me escondía en el recreo. luego en casa, no habían gritos ni castigos. pero un día me dijo: "si esa nota reflejara el cariño que me tienes, seguramente salgo jalado". lo único emotivo que pudo decirme mi padre.
el que me enseñó (desde niña) que no existen las pastillas para vivir eternamente y que el súper padre también se irá.
hace muchos meses que no sé nada de él. pero cumplió con creces, creo. me pagó el colegio, la universidad y la vida académica a costa de hipotecar literalmente su vida. el ya cumplió y yo ya me fui. la última vez que lo vi fue en su oficina. entré y le dije hola papá, él levantó la mirada serenamente, immutable, en su ruma de papeles y me dijo, estás más grande (yo dejé de crecer hace mucho tiempo). siguió metido en sus cosas. distancia inquebrantable. le dije que era mi santo y que estaba ahí por casualidad. nada más falso. quizá porque necesito abrazarlo antes de irme o antes de que él se vaya. y me dijo, cumples 25? no, 28.
(ese abrazo lo busco cada noche y cuando por fin lo encuentro en sueños, soy una niña feliz).

6 Comments:
q frio humano se siente x aca, pero rescatando lo bueno es q enfretar la vida de esa manera llega a deshumanizar a uno
Tu relato me hizo recordar muchas cosas tristes.
Padres. A veces nos ponemos a pensar que no hicieron lo que tenían que hacer...a mi tampoco me dijo te quiero, ahora no puede hablar, pero sé que me lo quiere decir. Yo, tampoco se lo puedo decir, pero sí le doy abrazos y besos. Antes no lo hacía. Me enseñó miles de cosas y frío también...mi casa parecía una congeladora...a veces me pregunto si no me dio muchas cosas que hubiera querido...sí creo, pero lo que me dio fue suficiente. Ahora tengo que dárselas yo...los besos y abrazos que nunca me dio...creo que es buen comienzo...Buen Blog! que grato leerte!
gracias por todos sus comentarios.
muy bacanes de verdad.
La mejor lección que podemos aprender es que el día que tengan sus hij@s hagan precisamente todo aquello que hubiesen deseado que hicieran sus padres con Uds... calro,, eso no significa que sea suficiente pero al menos se acortaran distancias.
hay.. porque los papas siempre la cagan???
Post a Comment
<< Home